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Después de ocho meses de inactividad por lesión, volvió a las competencias y lo hizo quedándose con el primer lugar del Atacama Rally luciendo un nivel superlativo.

Fue su sexta corona en el Atacama Rally, pero no fue una más. Si bien cada título que ha conquistado Pablo Quintanilla en Copiapó ha tenido componentes especiales, claramente esta versión tuvo elementos que difícilmente lo harán olvidar esta victoria.

Cabe recordar que en enero, cuando aún peleaba por quedarse con el Dakar, sufrió una seria lesión en Perú que lo tuvo fuera de las competencias hasta ahora. Precisamente, el Atacama Rally marcó su retorno donde ganó tres de las cinco etapas.

 

Tras una intensa semana, el chileno arribó a la última jornada con sólo 54 segundos de ventaja por lo que el nerviosismo imperante en la meta era natural. Sin embargo, Quintanilla se encargó de barrer con los miedos ganando en el cierre por casi 4 minutos. Simplemente, notable.

En Copiapó, Quintanilla demostró todos los pergaminos que le han valido ganar dos veces la Copa del Mundo de Rally Cross Country y ser permanente protagonista en el Dakar. Lo meritorio, es que esta vez lo hizo después de una pausa importante y lo demostró midiéndose con los mejores del orbe, entre ellos, el nuevo rey planetario Sam Sunderland.

A todo el componente deportivo, Pablo añade los méritos de permanente disposición a sus seguidores y a la prensa: se detuvo a firmar autógrafos a cuanto fan se lo pidió, cada vez que fue requerido para entrevista se dio el tiempo y a ello agregó que participó en todas las instancias a las que fue invitado por la organización, por ejemplo, ser embajador del programa KISS.

Darle a Quintanilla el reconocimiento de mejor piloto habría sido injusto, porque lo suyo destacó por encima de todos, alzándose a juicio de MundoRally con argumentos de sobra como LA FIGURA Liqui Moly del Atacama Rally.

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